Los materiales condicionan las decisiones de un proyecto, el proceso deja huella y los detalles marcan el nivel.
Cuando estos elementos están alineados, el proyecto es legible y coherente. La correcta lectura y comunicación de la materia, los procesos y los detalles permite que llegue a quien sabe apreciarlo.
Solo los proyectos que se leen como únicos pueden llegar a ser percibidos como exclusivos.


En contextos incoherentes, el valor se pierde por falta de criterio o por ausencia real de calidad.
La curaduría define el encuadre del proyecto, la edición ordena, jerarquiza y elimina lo que no suma para que se lea con claridad.
Palabra, imagen y estructura visual se articulan como un sistema.
Cuando están bien curadas y editadas, refuerzan la identidad del proyecto sin recurrir a efectos ni decoraciones vacías.
Durante más de diez años trabajé como restauradora de mobiliario antiguo, objetos y piezas de diseño. Ese recorrido me formó en la observación de los materiales, los procesos y las técnicas, y en reconocer cuándo una pieza está bien ejecutada y cuándo solo lo intenta.
Esa experiencia constituye una de las bases de la mirada que hoy aplico al leer proyectos, junto con la comunicación, la formación especializada y una atención constante a la estética, para detectar desajustes y situarlos en un nivel de mayor coherencia y legibilidad.






